I Juan 1:5-7 Éste es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en Él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con Él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.
Basado en ese pasaje de la primera epístola de Juan, encontramos la verdad de que Dios nos ha llamado a que saliéramos de la oscuridad. Así como el apóstol Pablo escribió a los romanos: “Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.”, debemos buscar vivir en la luz divina y no en la oscuridad y tinieblas que opacan el mundo que nos rodea. Cuando vivimos en la oscuridad no practicamos la verdad, tendemos a ocultar nuestras acciones e huimos de la luz. Cuando vivimos en la luz así como Dios está en la luz tendremos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado.
Juan 1:4-5 En Él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.
A través de los siglos le mundo ha buscado acabar con el testimonio del evangelio de Jesús el Cristo, porque la vida que hay en Cristo Jesús es la esperanza de la humanidad pero la humanidad tiende a preferir las mentiras del enemigo de nuestras almas a la verdad de Dios. Las tinieblas no han podido apagar esta esperanza aunque la luz brilla en medio de ellas. Mismo en momentos de trastorno mundial, como la Segunda Guerra Mundial, siempre brilló la luz de Dios en Su pueblo, a pesar de la oscuridad espiritual que dominava gran parte del globe. La luz es mas fuerte que las tinieblas.
Juan 3:19-20
Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto.
Tenemos que acercarnos a Cristo, el Autor de Vida. Debemos abrir las cortinas de nuestra vida a Su luz para poder distinguir lo oscuro en nuestro ser y hacerlo morir para que podemos revestirnos de Cristo, así como el apóstol Pablo escribió a los Colosenses en el capítulo 6 de su epístola. Sí amamos a la luz, quitaremos las tinieblas de nuestras vidas, reemplazándolas con la Luz divina que nos ilumina como hijos de Dios.
Juan 8:12 Una vez más Jesús de dirigió a la gente, y les dijo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
¿Cómo sabemos que estamos andando en la luz? Esta es una buena pregunta. Es fácil engañarnos a nosotros mismos. Cómo encontramos en el libro de Proverbios, “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final, es camino de muerte”. TENEMOS que buscar conocer de verdad a Jesús el Cristo y así podemos distinguir si estamos siguiendo a Jesús de verdad, si reflejamos su amor en nuestro diario vivir. Cuando vivimos como Él, tenemos luz en nuestra vida, ya no miramos con los ojos mundanos opacados por el egocentrismo y el orgullo. No habrá lugar para las tinieblas ni para la depresión porque estaremos reflejando SU luz en nuestra vida transformada.
Juan 12:46 Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en Mí no viva en tinieblas.
Jesús nos promete que cuando REALMENTE creemos en Él, no viviremos en las tinieblas. Creer en Él incluye la responsabilidad de abrirnos a Su luz para que Él pueda alumbrar cada rinconcito de nuestra vida. Creer en Él no es un simple reconocimiento que Él vivió en la tierra hace unos 2,000 años atrás. Él mismo si expresó sobre el tema en Juan 8:31-32: “Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: «Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». Creer en Jesús implica permanecer en Su palabra. Si permanecemos en Su palabra somos verdaderamente Su discípulos. Si somos verdaderamente Su discípulos conoceremos la verdad. Esa verdad nos hará libres porque ya no estaremos controlados por la oscuridad.
Hechos 26:17-18 Te libraré de tu propio pueblo y de los gentiles. Te envío a éstos para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados.
Las tinieblas resultan por el dominio de satanás en nuestra vida. Dios, por medio de Su Palabra, nos llama a deshacernos de estas obras – para que vivamos libremente en Él. Así como predicó Juan el bautista y el mismo Jesús el Cristo: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado». (Mateo 3:2 y 4:17) Hay que arrepentirse de lo que nos mantiene en la oscuridad espiritual para poder caminar libremente en el Camino de Dios. Es el mismo mensaje que predicaron los apóstoles en el dia de Pentecostes: «Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo.¨ Cuando pasamos de las tinieblas a la luz, Él nos perdona y nos santifica (separa) para vivir una vida mejor, iluminada y transformada por Su luz.
Romanos 13:11-12 Y hagan todo esto, conociendo el tiempo, que ya es hora de despertarse del sueño. Porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos. La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz.
Un gran problema del cristiano es que muchas veces se duerme. Nos cansamos de hacer lo correcto y deslizamos otra vez hacia la oscuridad. Es necesario un esfuerzo continuo para dejar las obras de la oscuridad y vestirnos de la armadura de la luz – que nos protege contra el enemigo.
II Corintios 6:14-16 No estén unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: “Habitaré en ellos, y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán Mi pueblo.”
La vida del cristiano ya es suficientemente duro sin que la compliquemos con yugos desiguales. Andar en la luz no es fácil, pero hacerlo cuando nuestra otra mitad está en las tinieblas es muchas veces más difícil. No debemos utilizar a las debilidades y pecados de los cristianos para excusar la deslealtad a Dios en nuestras decisiones románticas.
I Tesalonicenses 5:4-6 Pero ustedes, hermanos, no están en tinieblas, para que el día los sorprenda como ladrón; porque todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino estemos alerta y seamos sobrios.
Dios nos llamó a la luz. Pero a veces nos resbalamos y volvemos a pecar. Pero debemos cuidarnos para que Cristo no nos encuentre viviendo en la oscuridad. Tenemos que mantenernos alertos. Hay que humildemente reconocer delante de Dios que hemos pecado, y pedirle Su perdón y ayuda para vencer el pecado que nos quiere destruir. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a Él mentiroso y Su palabra no está en nosotros. I Juan 1:9-10
Mateo 6:22-23» La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!
¿En qué nos fijamos? Dios nos llama a buscar a la luz y a lo bueno. Esto hacemos cuando vivimos una vida digna de Él. Pero cuando quitamos nuestra mirada de Él, volvemos a la oscuridad, así como Pedro se hundió cuando miró a las olas en vez del Señor. Miremos a Cristo, fijémonos en Él – así estaremos llenos de la luz de Dios.
